Vino
Por qué el desierto de Coahuila da buen vino
Altitud, oscilación térmica y suelos pobres. Las condiciones que hacen del semidesierto coahuilense una región vitivinícola con cuatro siglos de historia.
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A quien no conoce la región le suena a contradicción: vino de calidad en pleno semidesierto. Pero la vid es una planta que prospera donde otros cultivos sufren, y varias de las condiciones que hacen difícil la agricultura en Coahuila son exactamente las que producen buena uva.
La altura hace la mitad del trabajo
Los valles vitivinícolas de Coahuila se sitúan a gran altitud, muy por encima de la mayoría de las regiones vinícolas del mundo. Eso tiene dos consecuencias directas.
La primera es la oscilación térmica: días calurosos y noches frescas. La uva acumula azúcares con el sol del día y conserva acidez con el frío de la noche. Sin esa caída nocturna, el vino resulta plano y alcohólico. Con ella, mantiene estructura y frescura.
La segunda es la radiación. A mayor altitud, más intensidad de luz ultravioleta, y la vid responde engrosando la piel de la uva. En la piel están los taninos y el color. Pieles más gruesas dan vinos con más cuerpo y mejor capacidad de guarda.
Suelos pobres, mejor vino
Es el principio menos intuitivo de la viticultura: la vid da su mejor fruta cuando se le hace pasar un poco de trabajo. En suelo fértil y con agua abundante, la planta produce follaje y racimos grandes de sabor diluido. En suelo pobre y pedregoso, con drenaje rápido, la raíz baja a buscar y la planta concentra su energía en menos fruta, de más carácter.
Los suelos calcáreos y bien drenados del semidesierto coahuilense encajan en esa descripción.
La sanidad del clima seco
La humedad es el enemigo del viticultor: mildiu, oídio, botritis. Casi todas las enfermedades serias de la vid necesitan humedad para prosperar.
En un clima seco esa presión baja mucho. Se aplican menos tratamientos, y en un año normal la uva llega sana a la vendimia. Es una ventaja agronómica y ambiental que rara vez se menciona en las etiquetas.
Cuatro siglos, no una moda
Coahuila no descubrió el vino hace poco. La región vinícola de Parras produce desde finales del siglo XVI, y es la zona de vitivinicultura continua más antigua del continente americano. Eso significa que las condiciones fueron probadas a lo largo de generaciones, mucho antes del enoturismo.
En Amargos ese hilo tiene una fecha propia: 1946, cuando se plantó viñedo sobre la hacienda y se fundaron Bodegas Capellanías. Casi ocho décadas después, el viñedo sigue en pie.
El agua, que es la pregunta seria
Nada de lo anterior significa que la vid crezca sola aquí. La viticultura en zona árida depende de riego, y el agua es el recurso crítico de la región.
La vid tiene a su favor que consume mucho menos que la mayoría de los cultivos, y que el riego deficitario controlado, dar menos agua de la que la planta querría, mejora la calidad de la fruta en lugar de perjudicarla. Es de los pocos cultivos donde ahorrar agua y buscar calidad apuntan en la misma dirección.
Aun así, cualquier proyecto vitivinícola serio en el desierto empieza por su plan hídrico. Lo demás viene después.